Cuando Copérnico demuestra que la Tierra no es el centro de la esfera ni de nada, sino un planeta de una estrella mediana situada en la parte exterior de una de las miles de millones de galaxias existentes, nadie sabe, de repente, en qué sitio está cada uno. Los humanos, desde luego, se quedan sin morada cierta; están en el universo sin más. El universo, en lugar de ser una esfera bien definida, es algo inconmensurable e indefinible. Los dioses ya no presiden los acontecimientos desde la parte superior de la esfera; vaya usted a saber desde qué lugar del universo, fuera del espacio y del tiempo, rigen sus destinos. Los responsables de impartir la religión a los creyentes tuvieron que cambiar su discurso: en lugar de predicar que el hombre se creó a imagen y semejanza de Dios, y que por ello eran los reyes de la creación, tuvieron que aceptar que Adán y Eva eran la última gota de la última ola del inmenso océano cósmico. Y que no teníamos una butaca reservada en este concierto. Fue una revolución sin precedentes.

Eduard Punset brillante como siempre...

Al leer el concepto "océano cósmico", no puedo dejar de pensar en Carl Sagan... emociante...